Por Willy G. Bouillon
PARA LA GACETA - BUENOS AIRES
En la noche del 16 de junio de 1816, se conjugaron diversos factores. Varias personas –junto a otras, Mary Wollstonecraft y su marido, el poeta Percy Shelley, y John W. Polidori (médico personal del anfitrión) estaban reunidas en una mansión suiza, alquilada por Lord Byron. No era una noche cualquiera pues integraba el que sería el “año sin verano”, consecuencia de la cataclísmica erupción de un volcán –en la actual Indonesia- que causó gran cantidad de víctimas en todo el planeta, mortandad de animales, cosechas arruinadas, lluvias incesantes y el invierno como única estación. El tétrico paisaje hizo que Byron les propusiera a sus amigos que escribieran una obra de terror, desafío que solo aceptaron Mary Shelley y Polidori. Entregaron los originales de Frankenstein o el moderno Prometeo (tal su título completo) y El vampiro, respectivamente, cuyos protagonistas tenían algo del mismo Byron, que además de poeta emparentado con la realeza, sumaba otros aspectos notorios, como la deformidad de su pie derecho (dedos doblados hacia dentro, lo cual se llama popularmente “pie de cabra”), fama de seductor y una fuerte tendencia aventurera. El muy conocido argumento desarrollado por Mary se centra en el desafiante plan del doctor Víctor Frankenstein, que aplicando conceptos de la alquimia y supuestas propiedades de la electricidad logra dar vida a un individuo hecho con partes de cadáveres y al que se nombra solo como “monstruo” o “criatura”. Sin posibilidades de socializar, dada su figura espantosa, el monstruo sufre creciente soledad, se vuelve violento y persigue a su creador para matarlo, por lo cual el médico escapa al Polo Norte.
Carente de la habilidad literaria de Frankenstein, el breve escrito de Polidori es un tedioso relato de las andanzas de Lord Ruthven, poseedor de una capacidad seductora que le otorga brillo en los ámbitos aristocráticos al tiempo que le sirve para ocultar su condición de vampiro. Traba amistad con Audrey, recién salido de la adolescencia, que también es de clase alta, y ambos viajan a Italia y Grecia, país en el que aquél se enamora de la hermosa Ilanthe, quien cree en la existencia de los vampiros y le advierte al muchacho su sospecha de que Ruthven es uno de ellos. Se suceden hechos medio inconexos, por ejemplo, un inesperado ataque de bandidos que aparentemente asesinan al lord, tras lo cual, de modo insólito, resucita. A los 26 años, Polidori se suicidó con veneno. No pudo leer Drácula, de Bram Stoker, cuyo conde de Transilvania, como bien se sabe, devino en el más célebre succionador de yugulares.
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Willy G. Bouillon - Escritor, crítico y periodista.